Cuando pagar “menos” sale carísimo
- Gaby Aguirre Curcó

- hace 1 hora
- 2 Min. de lectura
(y no viene en el recibo)
La junta iba bien… hasta que no.
Pantalla congelada.
“¿Gaby, nos escuchas?”
Silencio.
Fuera otra vez.
No fue la primera vez en la semana.
Ni la segunda.
Ni la tercera.
Llevo meses pagando un plan de internet “turbo”. De esos que, en papel, prometen velocidad, estabilidad y cero problemas. Incluso tengo descuento por pronto pago. Todo parecía correcto… menos la experiencia real.
Horas en llamadas.
Revisiones remotas.
“Es el módem”.
“Es una actualización”.
“Ya quedó”.
Spoiler: no quedó.
Mientras tanto, yo perdiendo juntas importantes de trabajo.
Mi hijo, reclamando que no carga el Nintendo.
Y una sensación constante de estar resolviendo algo que se supone que ya pagué para que funcione.
Y ahí fue cuando me cayó el veinte.
El problema no era el precio
Era que no estaba recibiendo lo que contraté.
Y eso, aunque no venga desglosado en el estado de cuenta, sí tiene un costo.

El costo invisible de “ahorrar”
Cuando hablamos de finanzas personales, muchas veces nos enfocamos solo en el número:
¿Cuánto cuesta?
¿Dónde está más barato?
¿En cuál me ahorro unos pesos?
Pero casi nunca hacemos esta pregunta clave:
➡️ ¿Qué me está costando esto en mi vida diaria?
En mi caso, el “ahorro” venía acompañado de:
Estrés constante
Tiempo perdido en aclaraciones
Frustración
Interrupciones laborales
Energía mental drenada
Y eso también es dinero.
Porque el tiempo, la concentración y la tranquilidad son recursos finitos.
Ahorrar sacrificando calidad de vida no siempre es ahorro.
A veces es solo postergar una decisión incómoda.
Cuando pagar más… es una decisión financiera inteligente
Tomar la decisión de cambiar de proveedor no fue impulsivo.
No fue berrinche.
No fue “porque sí”.
Fue un ejercicio muy claro de finanzas conscientes:
✔ Evaluar el costo real, no solo el mensual
✔ Priorizar funcionalidad sobre promociones
✔ Entender que un servicio debe resolver, no dar explicaciones
Porque pagar más por algo que sí funciona puede ser, paradójicamente, una mejor decisión financiera.
No todo gasto que sube es un retroceso.
Algunos son una inversión en estabilidad.
Este aprendizaje va mucho más allá del internet
Este tipo de decisiones se repiten en muchas áreas:
El seguro que “casi nunca responde”
El servicio barato que siempre falla
El producto que compras dos veces porque el primero no sirvió
La opción económica que te cuesta paz mental todos los meses
Y aquí es donde entra una regla que vale oro:
➡️ No elijas solo con el precio. Elige con criterio.
El dinero es una herramienta.
Y una de sus funciones más importantes es comprarte tranquilidad, no solo ahorro momentáneo.
La reflexión final
A veces creemos que ser responsables con nuestro dinero es pagar lo menos posible.
Pero la verdadera madurez financiera es esta:
Pagar con intención, claridad y conciencia del impacto real en tu vida.
Si algo “barato” te sale caro en estrés, tiempo y energía…
no era barato.
Era solo una factura incompleta.
Si últimamente sientes que tus decisiones financieras te están costando más paz que dinero, tal vez no necesitas ajustar números… sino criterios.
Y eso también se aprende.







Comentarios